Miguel Zavaleta, líder de Suéter, murió a los 71 años

“En un soplo veo proyectado como un film toda mi vida”, cantaba Miguel Zavaleta en “Amanece en la ruta”, himno absoluto del rock argentino. Mejor imagen imposible para describir lo que dura la existencia, al menos en este mundo. Uno que se acaba de quedar sin uno de sus juglares. Y es que el cantante y compositor falleció a los 71 años este lunes 31, a las 12:30 del mediodía, según informó un comunicado publicado en su cuenta de Instagram. “Descansa en paz mi padre, después de luchar contra un cáncer agresivo desde hace varios meses”, destaca el texto firmado por su hija Lucrecia. Ahora se entiende la cancelación del show de Suéter, su sempiterna banda, el sábado último. Iba a ser la celebración de 45 años de historia, “suspendidos por razones de fuerza mayor”, según rezaba el aviso.

La parca, siempre tan injusta, ni siquiera le concedió la posibilidad de despedirse con un recital, cantando, más que una, muchas de esas canciones que se saben todos. De hecho, La reserva moral de occidente (2014), último disco que puso a circular el grupo que lideraba, donde además presentaba a su nueva formación, repasa todos esos clásicos. Aunque con nueva tesitura y duetos constituidos por músicos de diferentes generaciones y estilos. Entre ellos se destacaba el recientemente desaparecido Rubén Rada, a quien había convocado para interpretar juntos “Sin porteros”, tema incluido en el álbum debut de Suéter (titulado de forma homónima y lanzado en 1982). Se trataba del primer material de estudio de la banda en 29 años, luego de que en 1995 apareciera Suéter 5, producido por Andrés Calamaro.

De entre ese repertorio, sobresale el que fue el último aporte de Zavaleta para la historia del rock argentino: “Extraño ser”, hitazo compuesto originalmente en 1984 y dedicado a Hilda Lizarazu, su pareja de aquel entonces. A manera de paradoja, la cantante y fotógrafa se le adelantó y sacó su propia versión de la canción unos años antes con el proyecto musical que lideraba en ese momento, Man Ray. Tras ese clímax en su carrera, el músico llevó adelante una carrera en solitario que dio como fruto dos álbumes publicados de forma independiente: No lo sé, suerte quizás (2011) y Volver a nacer (2019). El título de ese disco alude al sentimiento que experimentó el artista en aquella época, debido a que esos ochos temas vieron la luz 30 años más tarde, a razón de que la multinacional Universal Music los había archivado.

Al respecto, sobre las angustias que padeció con los sellos disqueros, tanto en su etapa grupal como en la solitaria, el también tecladista le dijo a este diario: “Suéter y yo fuimos víctimas de un cretino con poder. No voy a decir su nombre porque voy a juicio, pero lo encontré en una pizzería y todavía quería que lo saludara”, se descargó en 2011. “Me mandó al muere, porque cuando quedás enganchado con un contrato no podés hacer nada: no te difunden, no te sacan el disco, un desastre. Algo horrible que le pasó a un montón de músicos”. A raíz de ese infortunio, el cantante y compositor porteño protagonizó una trayectoria irregular, resignándolo a vivir de su pasado glorioso con Suéter, cuya era de oro sucedió entre los años 1981 y 1989.

No obstante, fue en 1985 cuando la banda alcanzó su consagración, tras la publicación de su tercer disco de estudio: 20 caras bonitas, producido musicalmente por Charly García. Aunque el precio que pagó semejante sociedad fue la posterior salida del cofundador del grupo, el guitarrista Jorge Minnisale, al que el otrora Seru Giran le rechazó todas las canciones que había aportadopara la grabación, con excepción de “Pánico en la ciudad”. Si bien Zavaleta aseguró más tarde que la realización de ese trabajo fue caótica, de esa decena de temas despuntó “Vía México”. Esa canción tuvo un impacto similar a otros éxitos del rock argentino de mediados de los ’80, como “Cerca de la revolución”, de García, o “Cuando seas grande”, de Miguel Mateos.

“Vía México” es una estupenda muestra del estilo compositivo del artista, caracterizado por su sofisticación melódica, la ironía suspicaz y su profunda sensibilidad para el pop. Esa letra en particular hace referencia a la ilegalidad del divorcio en la Argentina, donde era considerado un tabú, en las postrimerías de su derogación. Una vez que se convirtió en ley, el 12 de junio de 1987, 20 caras bonitas fue relanzado e igual destino corrió ese clásico. La canción, además, fue coescrita junto al entonces ignoto Fabián Quintiero, al que Zavaleta bautizó con el que terminó siendo su identikit artístico: “Von”. No fue la única creación sonora que firmaron, por lo que este soldado de Charly García y Soda Stereo siempre lo consideró como su gran padrino musical.

A pesar del mal sabor que les dejó el episodio con Charly en el estudio, fue el ex Sui Generis el que le abrió a Suéter las puertas de la masividad al invitarlos a ser el acto de apertura, junto a Los Abuelos de la Nada, en su show de 1982 en cancha de Ferro. El público los recibió con antipatía porque su impronta y estética musical simbolizaban el punto de inflexión que estaba por suceder en la música popular contemporánea argentina. Desde ese momento, el cuarteto no sólo se tornó en uno de los referentes locales de la new wave, sino que también engrosó la troupe de artistas que, al son de un rock bailable, apeló por el humor y la burla en sus letras. De la misma forma lo hicieron Los Twist, Los Helicópteros, Viudas e Hijas de Roque Enroll o Comida China, supergrupo del que fue parte Zavaleta.

Sin embargo, antes de que los años ’80 lo encontraran de vuelta en la Argentina tras autoexiliarse en Ibiza a causa de la dictadura militar, a mediados de los años ’70 los gustos de Zavaleta se inclinaban por King Crimson, Emerson Lake and Palmer y Genesis. Así sonaba su primera banda conocida, Bubu, que no llegó a grabar en su primer disco. Y es que la historia le tenía preparado otro camino, uno en el que una canción sobre la muerte se transformaría en su boleto hacia el Olimpo del rock argentino: “Los versos de ‘Amanece en la ruta’ están influidos por el testimonio de gente que estuvo clínicamente muerta”, dijo el artista sobre el tema del disco Lluvia de gallinas (1984). “Una persona relata un sueño. Viaja por la ruta, en un auto, hasta que se da cuenta de que la descripción que hace es la de un accidente automovilístico. No era un sueño sino un relato post vida”.

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